El día empezó pronto. Era viernes 6 de mayo y, antes de las 8:00 de la mañana, empezaron a llegar fotos al grupo de Telegram. Peques listas con sus bicis y sus chalecos, para unirse al bicibús. En muchas ciudades el biciviernes se va convirtiendo en costumbre, y este 6 de mayo hubo nuevas incorporaciones.
Fueron 116 eventos confirmados en 34 localidades de todo el territorio del Estado español. En el grupo de coordinación, 85 personas compartiendo fotos, noticias, soluciones a los pequeños problemas que fueron surgiendo: pancartas que no llegan a tiempo, cómo comunicar a la subdelegación de Gobierno las aperturas de las calles, qué hacemos si llueve…
Finalmente no llovió, salió el sol y, durante todo el viernes, miles de niñas y niños tomaron las calles. Con sus familias, por la mañana, andando o en bici al cole. Durante el horario escolar –con sus profes– salieron a bailar, jugar y hacer deporte. Hubo animosas profes de Educación Física que organizaron salidas en bicicleta con su alumnado, a recorrer el barrio.
Y a la salida del cole, en las decenas de calles que se abrieron para la infancia, los motores de los coches dejaron hueco a la música, los juegos y las risas infantiles. Y para terminar el día por todo lo alto las familias de la Revuelta Escolar de Madrid se concentraron en la plaza de Cibeles, abriendo la calle Alcalá para la infancia, a lo grande.
Soluciones fáciles y alcanzables (con voluntad política)
Las actuaciones que hay que poner en marcha no son costosas, no hacen falta grandes infraestructuras. Solo es necesario voluntad, decisión y coraje político. Es necesario reducir de forma urgente y drástica la cantidad de coches que circulan a diario por las ciudades, su velocidad, y el espacio público que ocupan. Las niñas y los niños, sus familias, el profesorado, clama por un cambio necesario y beneficioso, para las personas y para el planeta.
La pelota está en el tejado de los ayuntamientos, para empezar el próximo curso escolar con calles abiertas para la infancia. Todos los días, porque todos los días respiramos, y todos los días estamos limitando la autonomía infantil debido al exceso de tráfico. Muchas ciudades europeas, y también algunas por aquí cerca, ya están tomando medidas para eliminar los coches de los entornos escolares. Muchas organizaciones llevan años reclamando espacios seguros y sin humos alrededor de los colegios. Confiamos celebrar, en la próxima Semana Europea de la Movilidad, en septiembre, la apertura de cientos de calles por todo nuestro territorio. Eso significará que, de verdad, la salud infantil nos importa.
En algunos lugares, muy pocos, las reticencias administrativas impidieron que niñas y niños pudieran experimentar cómo sería su colegio si los coches no circularan alrededor. En muchos otros, las responsables municipales se acercaron a alguno de los centros que se habían animado a participar en la iniciativa europea #StreetsForKids, que tradujimos como #CallesAbiertasParaLaInfancia.
Aprovechamos su visita para pedir a la concejala o concejal de turno que, a partir de septiembre, las calles alrededor de los colegios sean declaradas lo que son, espacios de especial protección, dentro de las nuevas Zonas de Bajas Emisiones que todas las ciudades mayores de 50.000 habitantes tienen que poner en marcha antes de 2023.
A pesar del entusiasmo con que se han compartido las fotos en redes sociales, las autoridades municipales dicen que “hay que estudiarlo”. ¿Estudiar, qué? Las evidencias científicas son abrumadoras: si de verdad es nuestra prioridad, como sociedad, cuidar la salud infantil, entonces es urgente restringir el tráfico alrededor de los colegios.
Durante todo el viernes, medios de comunicación locales, regionales y estatales se hicieron eco de lo que estaba ocurriendo en las calles abiertas para la infancia. Una periodista nos preguntaba, insistente, “pero entonces, lo que están pidiendo, ¿es que corten las calles?”. No, que las corten, no. Que las abran. Que hagan posible que las niñas y niños respiren aire limpio en su trayecto diario al colegio, y durante las horas que allí pasan. Que no tengan que estar sometidas a niveles de ruido perjudiciales para su salud. Que se compromentan de verdad con la lucha contra el cambio climático. Y que pongan las medidas necesarias para evitar atropellos y sustos.
El viernes 6 de mayo pudimos ver lo agradable que es llegar al colegio sin ruidos, sin humos, sin coches. Las vecinas del barrio, con sus carros de la compra, compartían su alegría por escuchar voces infantiles, y no vibraciones de motores.
La entrada Calles Abiertas para la Infancia. Una crónica parcial. aparece primero en Ecologistas en Acción.
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